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Una murga la salvó y, en pandemia, creó la suya para ayudar a los demás

Sociedad - Pilarenses con Historias 01 de marzo de 2022 Por Augusto Fernández Díaz
María Luz Reibaldi encontró entre bombos y lentejuelas una segunda oportunidad. De esa historia nació Los Misteriosos de Fátima, una murga de trabajo solidario que este año celebró su primer Carnaval.
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Luz entró en crisis. Se vio sola, con sus dos hijos, y sin poder elegir entre pasar tiempo con ellos o salir a la calle para alimentarlos. Trabajo y estudio mellaron sus horas de familia hasta un punto límite, esos que demandan un giro de volante para no perderlo todo. Pero no avisan en qué dirección. Buscando ese rumbo, un día llamo su atención una reunión en una plaza y unos tambores. Pensó que era una opción sólo para chicos, pero al menos podía llevar a los suyos sin tener que pagar. Una actividad. Un pasatiempo. Algo. A los pocos encuentros comprendió que ella también podía ser parte de esa murga barrial. Se vio incluida en un grupo, compartiendo un ámbito con su familia, con un propósito. Se vio salvada.

La murga es una expresión músico teatral propia del Carnaval. Tiene sus orígenes en España y, antes de llegar a Argentina, adoptó en tierras uruguayas una identidad característica. Ya en Buenos Aires, la murga porteña adquirió un estilo propio. En los barrios del Conurbano, la murga es una excusa. Un pretexto para encontrar una salida, muchas veces, una última chance. Un lugar al qué pertenecer y al qué acudir cuando parece que no hay más nada. Personas que se reúnen en un mismo lugar, a una misma hora, con un fin en común. El establecimiento de un lazo social, una conexión afectiva. Para quien, por el motivo que fuese, tiene sólo el vacío por delante, ese momento en una plaza o una esquina puede significarlo todo.

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Cuando en Mayo de 2020, después de dos meses de aislamiento por la pandemia de Covid-19, mucha gente comenzaba a ser desplazada hacia los márgenes del sistema, María Luz Reibaldi, madre de dos, nacida en Capital Federal y radicada en Fátima hace 26 años, sintió que debía hacer algo. Y enseguida supo lo que necesitaba: armar una murga. ¿Una murga? ¿Gente que se reúne a saltar y tocar el bombo mientras sólo se puede salir a la calle para comprar el pan? Sí. Eso mismo. Los valores solidarios y de pertenencia que a ella le permitieron salir adelante, la marcaron tanto que no lo dudó: había que hacer una murga.

Desde luego que las primeras acciones de "Los Misteriosos de Fátima" estuvieron lejos de los brillos y repiques. Sus primeros integrantes, sin levita ni sombrero pero con campera y barbijo, salieron a la calle a ayudar a la gente: se organizaron, reunieron alimentos y armaron una olla popular para dar de comer. Así nació una murga sin música ni baile pero con todo lo demás que hace a esa murga conurbana tan enraizada en su cultura: la razón de ser de un aglutinante social que llega a donde pocos llegan. Luz, que vivió la vida murguera desde adentro, sabía que el camino para volver a celebrar un Carnaval debía arrancar por el valor de la murga como institución: "En más de un momento de nuestras vidas, la murga representó la salvación, la mía y la de muchos compañeros: de la depresión, de no tomar un mal camino. Representa alegría compañerismo, unión, trabajar en conjunto para lograr algo pero no para uno mismo, sino por el otro. Eso es para nosotros la murga".

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No estaba equivocada. Dos años después, el sueño de María Luz y de muchos otros vecinos de su pueblo se concretó: "Los Misteriosos" desfilaron por primera vez en los Carnavales oficiales que cada año organiza el Municipio de Pilar. Ella pudo compartir ese momento de la mano de sus hijos, hoy de 23 y 17 años, esos a los que llevó hace más de una década a una murga de plaza para intentar reencontrarse con su familia y también consigo misma.

La murga es una de las expresiones populares más ancestrales que permanecen en la cultura popular argentina. En los primigenios carnavales, los esclavos negros se sentían libres aunque sea por un momento. En una vida tortuosa, era su rato de salvación. A casi doscientos años de aquello, la murga sigue salvando almas.

Conocé a fondo la historia de María Luz Reibaldi en el video:  

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