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Una baldosa en la vereda y un recuerdo: testimonio en primera persona de cómo alcanzó a Pilar el horror de la dictadura

Sociedad - Pilarenses con Historias 24 de marzo de 2021 Por Augusto Fernández Díaz
En el distrito, el Terrorismo de Estado causó al menos 28 desaparecidos, entre ellos Tomás Calderón, obrero y militante, el mayor de diez hermanos. Marcelo Calderón, conocido folklorista derquino, mantiene viva su memoria describiendo con detalles la estremecedora historia.
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Las calles de Presidente Derqui tuvieron el mismo ritmo desde siempre. La ciudad no despereza su alma de pueblo por nada. La cadencia de las calles se sostiene de manera imperturbable. Sólo un ojo observador encontrará los pequeños mojones que sobresaltan la apacibilidad del entramado urbano en la segunda localidad de Pilar. Algunos, son mínimos, casi imperceptibles. Allí está, mínima y gigante a la vez. Igual que todas, pero distinta al resto. Una baldosa que en pocas palabras cuenta una historia.

Ese cuadrado de cemento rebelde empotrado en la vereda de la calle Isolina Raíces, a la entrada de la Escuela Primaria Nº 11, anuncia que allí ha pasado algo. En rigor, allí comienza una historia. La de Tomás Calderón, primero estudiante de guardapolvo blanco, luego trabajador de mameluco y, finalmente militante político y social de campera de cuero. Una historia que se truncó con fecha exacta, grabada en el cemento de la vía pública derquina: 26 de Noviembre de 1977. En el atardecer de ese día, a Tomás se lo llevaron. Para siempre.

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La baldosa es homenaje y testimonio de quien fue un detenido desaparecido por la última dictadura en Argentina. Tomás era el mayor de diez hermanos. De familia trabajadora y amante del folklore. De guitarra y festivales. Esos mismos que hoy frecuenta Marcelo Calderón, conocido percusionista criollo y docente, que era apenas adolescente cuando a su casa entraron hombres armados de madrugada. Él lo recuerda con precisión. Cada detalle de esa noche de tormento.

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Tomás tenía 30 años cuando fue secuestrado. Marcelo, apenas llegaba a doce. En día Sábado, dormía la siesta después de haber participado en la mañana de una competencia interescolar representando a su institución, la Técnica N° 2. Una mano aferrada a su hombro lo arrancó de la cama y lo tiró al suelo. Lo levantaron y lo llevaron al comedor hasta que volvió a ver de cerca el piso, esta vez, al lado de sus hermanos y con las manos sobre la cabeza. A sus abuelos los habían sentado con las manos sobre la mesa. Al hombre, entrado en años, lo golpearon por pedir identificación y orden de allanamiento. Sus padres en el dormitorio, y, claro, también con las manos "Donde podamos verlas".

En pocos minutos ya habían revuelto todo: la ropa de los armarios, los platos, las camas, la heladera… "Fue conmocionante pero no sorpresivo", recuerda Marcelo: desde el primer instante, sabían a qué venían esos individuos. Tomás era militante peronista y había formado parte de la organización Montoneros. Y, a esa altura de los hechos, la familia ya tenía conocimiento de lo que eso significaba. Pero Tomás no estaba en casa. Sugestivamente, cuenta su hermano, media hora antes del operativo en su domicilio había ido a buscarlo su ex esposa, después de bastante tiempo de distanciamiento. Y él se fue con ella, a caminar por la zona. Fueron hasta la barrera de la Avenida de Mayo y vías del FFCC San Martín, donde fueron interceptados. Sólo el guardabarreras de entonces fue testigo de cómo los subieron a un Ford Falcon. Y avisó de inmediato a la familia. A ella, años después, la volvieron a ver viviendo en Capital Federal, en pareja con un uniformado.

De Tomás nunca, nadie, supo más. Su madre murió en 1998 sin tener noticias de qué sucedió con él. Las últimas palabras que compartió con su familia fueron a través de una carta, que premonitoriamente había escrito antes de ser detenido. Aún conservan ese papel dedicado a sus padres y hermanos, cuyo texto cierra así: "Todo lo que yo estoy haciendo, lo hago convencido de que es lo mejor para ustedes, haciendo uso de mi libertad y mi razón".

Los años de horror de la última dictadura cobran otra perspectiva cuando se conocen las implicancias locales. Tomás Calderón es uno de los 28 casos hasta ahora confirmados de personas desaparecidas vinculadas con Pilar; es decir, que vivían en el distrito o fueron secuestrados cuando circunstancialmente estaban en nuestra ciudad. La cifra se desprende de datos oficiales recopilados por la iniciativa Desaparecidos Pilar, impulsada por la abogada Lorena Lescano desde el año 2006. Esos casos se cuentan aparte del episodio conocido como la Masacre de Fátima, que significó treinta crímenes más.

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De esos tramos irreparables de la historia argentina, que también desgarraron la historia pilarense, sólo se puede encarar un camino de expiación, mediante un ejercicio constante y sistemático: el de la memoria.

Conocé los detalles de la historia de Tomás Calderón, rememorada por su hermano Marcelo, en el video:

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